confusionCómo se nos pasa la vida pensando en lo que piensan los demás y dándole más importancia a eso que a lo que pensamos nosotros mismos…

Las personas a las que les pasa esto –entre las que me incluía- suelen estar continuamente pensando en qué hacer para que el otro esté a gusto. Miden mucho sus palabras y pueden pasarse días dándole vueltas a un comentario y preocupadas por si al otro le habrá molestado…

Lo que sea con tal de gustar a los demás. Hasta el punto de que a veces llegan a olvidarse de sí mismas.

Se puede vivir desde el amor o desde el miedo. Cuando vives desde el miedo eres frágil a las críticas y estás más pendiente de lo que quieren los demás que de lo que quieres tú. Permites que sus opiniones afecten a lo que piensas de ti y a lo que tú crees que eres.

Sólo cuando dejas de poner el foco en los demás y empiezas a ponerlo en ti, en respetarte y en gustarte tú, puedes reconciliarte contigo mismo.

¿Cómo se hace? Paso a paso, empezando por…

1. Cambiar tus creencias. Todas esas ideas equivocadas que has escuchado en tu vida y que te han anclado a la opinión de los demás, como “cuidado que te oyen los vecinos”, “qué va a decir tu familia de ti” o “qué va a pensar la gente si haces eso”.

Si creciéramos en entornos donde nos enseñaran que nuestra opinión y sentirnos bien con nosotros mismos es lo más importarte, dejaríamos de vivir para obtener la aprobación de los demás y priorizaríamos por encima de todo nuestra propia aprobación.

Si dejáramos de pensar que el hecho de que alguien esté de acuerdo contigo te valida a ti como persona. O que si alguien no está de acuerdo contigo significa que te está rechazando a ti como persona.

Closeup of eye makeup2. Observarte. Para darte cuenta de cuándo estás haciendo algo por lo que los demás puedan pensar y cuándo porque de verdad es lo que tú quieres.

En realidad es sencillo: tu cuerpo te avisa si sabes escucharle. Tus emociones te guían si sabes sentirlas. Y, si todo eso falla, simplemente pregúntate: ¿de verdad estoy siendo consecuente ahora mismo? ¿Pienso, digo y hago lo mismo?

3. Comprender que no puedes agradar a todos por igual. ¿O a ti te cae bien todo el mundo? ¿Te gustan todas las personas que conoces? No lo creo… Y seguramente muchas de ellas sean geniales y maravillosas, pero simplemente, por el motivo que sea, no conectáis.

Es tan normal como que ni tú ni yo podamos gustarle a todo el mundo. Porque una de las leyes del Universo es la ley del equilibrio. Es decir, igual que es natural que no todo el mundo te guste, también lo es que tú no le gustes a todo el mundo…

4. Atreverte a no gustarles a algunas personas. Siempre habrá alguien que te critique porque no comparta tu forma de ser o tu manera de vivir. Es así y no pasa nada, siempre y cuando no dañes a nadie con ello.

Cuánto más auténtico eres, más te respetaran los demás. Porque para que los demás te respeten primero tienes que respetarte tú… Y, aun así, seguirá habiendo personas a las que no les guste. Y, aun así, seguirá sin pasar nada…

autentico5. Cultivar tu autenticidad. Por ti, sobre todo. Por liberarte de esa carga tan pesada y sentirte bien contigo mismo…

Los demás se fijarán mucho más en la persona que realmente eres que en la que aparentabas ser para gustarles. Y porque ni siquiera necesitas que los demás estén de acuerdo contigo para que te quieran y te valoren. ¿O no valoras tú a personas con las que no estás de acuerdo en todo?

6. Recordar lo que quieres para ti. Uno de los motivos de dejar tu vida en manos de los demás y dejar que sean ellos quienes decidan por ti es no tener claros tus objetivos.

Una manera de darte cuenta de si estás en tu camino o en el de otros es hacer la siguiente reflexión: “si en este momento me pusiera a mí, mis deseos y mis necesidades, por delante, ¿qué haría, qué diría y cómo me comportaría?”. Si no cambia absolutamente nada, es que estabas en tu camino…

7. Tener muy claros tus derechos. Repetirte que tienes derecho a hacer lo que quieras hacer y a pensar como quieras pensar. Que tienes derecho a ser como quieras ser y a que tus deseos cuenten tanto como los de cualquiera. Que tienes derecho a elegir cómo quieres vivir tu vida y a expresarlo, sin sentirte egoísta y aunque eso esté completamente fuera de lo que otros consideren lo lógico y lo normal.

Que tienes derecho a sentirte bien porque sabes que estás tomando tus propias decisiones sin miedo, que diriges tu vida y que te mueve hacia lo que deseas.Y, también, que tienes derecho a que los demás te quieran y te acepten como realmente eres.

8. Pasar de las críticas y de las personas que desaprueban lo que haces. Ya hemos dicho que siempre habrá quien te critique y que el otro tiene derecho a darte su opinión.

Si es una crítica constructiva y bien dicha puedes decidir qué hacer con ella. Y si es una crítica destructiva y con malas maneras, seguramente sea esa persona quien necesite darse cuenta de algo… No importa, es su problema, no el tuyo.

Date cuenta de que es su opinión, no una verdad absoluta. Lo mismo que la tuya es sólo tu opinión. Así que, entendiendo que ninguna de las dos es la verdad absoluta, ¿con cuál tiene más sentido para ti ser consecuente? Permítete mantener tu postura y no dudar ni un segundo de ella.

culpa9. Alejarte de los sentimientos de culpa que otros –o tú mismo- carguen sobre ti. Dedícale el menor tiempo posible a pensar en eso. Date cuenta de que no estás en deuda con ellos. Nadie está en deuda con nadie por pensar o sentir diferente. Tan sólo estás en deuda contigo si no te comportas como crees, piensas y sientes.

Repítete que es mucho más importante lo que tú piensas sobre ti y sobre tu vida, que lo que piensan los demás. Cuando entiendas bien esto, la culpa se evaporará.

10. Asumir las consecuencias de sentirte bien contigo mismo… Por supuesto que si durante mucho tiempo has hecho lo que se esperaba de ti y un día dejas de hacerlo pueden surgir roces. Por eso, si alguien te rechaza o te critica, acéptalo… Muchas otras personas lo entenderán y, si les explicas lo que sientes y de verdad te quieren, te comprenderán…

¿Cómo serías si sólo te quedara una semana de vida? ¿Qué harías? ¿Cómo te comportarías? ¿Quién estaría a tu lado? ¿Qué sería lo más importante para ti?

«Nada hace una vida más miserable que la búsqueda continua de la aprobación ajena. Cuanto más la buscas, menos te la dan, así que concéntrate en obtener tu propia aprobación y la ajena te sobrará». Harv Ecker

 

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Fuente: coachingtobe