El otro día, hablando con unas amigas, me di cuenta de cómo nos influye la educación, hasta habiendo siendo educadas en continentes diferentes y con unos años de separación.  Me refiero a la creencia limitante que nos impide merecer, hacernos creer que no somos merecedoras de todo lo bueno. Por ejemplo, hablamos de que a los hijos, pareja, amigos somos capaces de prepararles una comida deliciosa y para nosotras con un sándwich o unas sobras ya estamos listas.  Primero vemos las necesidades y deseos de los otros antes de ver los propios.

Vivimos en la cultura del esfuerzo, implica que las cosas, para merecerlas, hay que ganarlas. Una de las cosas más difíciles para muchas personas es aprender a sentirme merecedoras.

Esta experiencia es producto de una educación judío cristiana, cargada de creencias, en relación a la necesidad del sacrificio y el dolor, para merecer un premio, pero no en la tierra, sino en el cielo: “Esfuérzate y sufre en la tierra para que seas recompensado en el cielo”.

En la cultura y la educación todo lo que se considera valioso es porque se obtuvo a través del esfuerzo, el sacrificio y el trabajo. Si algo no se obtiene por estos medios, no sólo no se considera valioso, sino que,  incluso, puede ser algo negativo.

La consciencia del merecimiento.

merezcoLa consciencia de merecimiento de las personas, tiene que ver con las creencias fundamentales, cuya raíz está no en lo que somos, sino en lo que creemos que somos.

Tenemos la capacidad de construir nuestra realidad por medio de nuestros pensamientos y, por tanto, los pensamientos que generamos en la mente son los que nos hacen ver la realidad tal y como la percibimos. Los pensamientos construyen realidades y así como pensamos, somos.

Las creencias que hemos adquirido durante la vida respecto al merecimiento, van a tener una fuerte influencia en relación a que tan merecedores o no nos sentimos de recibir de otros amor, respeto, dignidad, éxito, reconocimiento, aceptación…

La actitud que asumimos ante la vida es algo fundamental. La realidad devuelve lo que nosotros ponemos en ella. Nadie, ni la vida, puede dar lo que no ha recibido.

Por tanto, es importante ser conscientes de qué es lo que cada quien le está dando a la vida,  de cómo lo está haciendo, y esto, está directamente relacionado, con la autoestima de cada uno.

Autoestima

Cuando una persona cuenta con una sana autoestima (en equilibrio), es más fácil que se sienta merecedor de una buena vida, pues es alguien que tiene mucho que ofrecer y, al sentir que merece lo mejor y que es capaz de recibirlo, agradecerlo y disfrutarlo, esta actitud, a la vez, aumenta su autoestima.

La consciencia de merecimiento y la autoestima están estrechamente ligadas. Cuando una persona tiene su autoestima fuerte siente que se merece lo mejor,  porque ella también tiene muchas cosas buenas que ofrecer a la vida. Simultáneamente, el sentir que se merece lo mejor, y que es capaz de agradecerlo y disfrutarlo,  fortalece su autoestima.

El Amor que nos tenemos nos permite reconocernos como seres valiosos y dignos y lo que creemos que valemos nos ayuda a aceptar cuanto tenemos derecho en la vida, todo aquello de lo que somos merecedores.

Simplemente, por el hecho de existir, merecemos el amor, la paz, la salud, la prosperidad y el bienestar que estemos dispuestos a recibir, siempre y cuando sintamos que lo merecemos.

Pero ¿Cómo conectarnos con la abundancia que nos ofrece la vida?, ayuda comprender como nos relacionamos con la realidad, como percibimos la Verdad, el Amor y la Energía que hay en ella.

Algunas de las cosas más importantes de las que nos cuesta sentirnos merecedores:

  • Cosas materiales: dinero, regalos, casa, coche…
  • Éxito, reconocimiento, halagos y las valoraciones positivas.
  • Amor.
  • Respeto y trato digno.
  • Descanso y tiempo para disfrutar.
  • Espacio para compartir con los amigos.
  • Disfrutar de las cosas pequeñas.
  • Pedir ayuda cuando lo necesitemos.

Buscar equilibrio de dar y recibir

Si alguien tiene más el hábito de dar, tendría que aprender a recibir y, por el otro lado, si se tiene más la costumbre de recibir, sería bueno intentar practicar el dar a los demás.

De esta manera las cosas estarían más compensadas en las relaciones y también serían más justas.

Aunque te cueste trabajo, intenta practicar lo que menos acostumbras (dar o recibir). Es cuestión de practicar el nuevo hábito para hacerte consciente de que está bien sentirse merecedor y está bien hacer sentir merecedores a los otros, que ambas cosas son experiencias agradables.

Vamos a combatir esa creencia limitante que nos impide tener una vida que SÍ MERECEMOS.

Ceiba terapias

Fuente, parte de: gestaltsinfronteras

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