Fragmentos de la entrevista del periodista Víctor-M. Amela  (VM) a Chökyi Nyima Rimpoché (CR), monje y maestro de budismo tibetano en Nepal.

rimpoche

VM: ¿Bondad plena?

CR: La bondad es la base de todo. Voy a decirle algo muy útil para vivir más sabiamente…

VM: Le escucho.

CR: Primero, calma: sin calma, no hay claridad mental ni bondad.

VM: Calma.

CR: Y sin bondad, no hay felicidad ni salud.

VM: Bondad.

CR: Y la bondad consiste en querer lo mejor para el otro, regocijarte de sus éxitos y felicidad.

VM: Por aquí somos bastante envidiosillos…

CR: No seréis felices, pues. Voy a recordarte las tres causas de la infelicidad…

VM: A ver.

CR: Una, no apreciar lo que tienes. Dos, llevarte mal con otro. Tres, envidiar el éxito de otro.

VM: Entonces, para ser feliz…

CR: Alégrate de lo que tienes, sea lo que sea. Pide disculpas y reconcíliate. Y regocíjate del éxito de los demás.

VM: ¿Así seré feliz?

CR: Claro, verás que la felicidad se multiplica en ti. ¿O prefieres vivir enojado, tenso, enfermo? Es que la felicidad procura salud.

VM: ¿Están los nepalíes mejor predispuestos para la felicidad que yo?

CR: Son muy espirituales… Le daba una manta a uno… ¡y se preocupaba de si la tenía también su vecino! He visto cómo se ensancha su corazón en los momentos duros. Todo lo comparten. ¡Qué lección me han dado!

VM: Y eso que usted es monje budista…

CR: Cada año imparto clases a Richard Gere, Daniel Goleman, Cher…, y les digo esto: sin bondad no hay nada bueno ni valioso, ni familia, ni sociedad, ni mundo.

VM: ¿Qué les enseñaría a los jóvenes occidentales?

CR: Que todos somos valiosos por igual, tengamos lo que tengamos. Y aprended a estar satisfechos y contentos, sea lo que sea lo que tengáis. Y respetaos a vosotros mismos.

VM: ¿Cómo era usted de joven?

CR: Arrogante, mi madre me enseñó humildad.

VM: ¿Cómo es eso?

CR: De muy niño fui elegido como reencarnación de un lama, en mi Tíbet natal, y a los ocho años yo era un monje tratado como un semidiós. Pero mi amada madre me tomaba de la mano y me susurraba: “Hijo, no vayas a creerte que eres más que nadie”.

VM: Buena lección.

CR: Otra fue la invasión china, que nos obligó a los monjes a huir entre disparos, templos incendiados, persecuciones…

VM: ¿Lo da por bien empleado?

CR: Aprendí que nunca estás arriba para siempre ni abajo para siempre. Sufrimos mucho, sin dinero, sin comida, sin papeles, atravesando montañas, mis padres y yo… Y nos instalamos en Nepal.

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Fuente: lavanguardia