Todo lo que hacemos está basado en acuerdos que hemos hecho, acuerdos con nosotros mismos, con otros, con el Universo y con la vida misma. Pero los acuerdos más importantes son aquellos que hacemos con nosotros. En estos acuerdos nos decimos quienes somos, como debemos de actuar, lo que es posible e imposible. Un sólo acuerdo no presenta muchos problemas para nosotros, pero tenemos muchos de ellos tienen su origen en el miedo, nos roban nuestra energía y disminuyen nuestro valor como ser humano valioso.

Cuando estamos listos para realizar un verdadero cambio en nuestra vida, estos 4 acuerdos, por muy simples que parezcan son muy poderosos que podemos usarlos como principios que rigen nuestra vida. Estos 4 acuerdos nos ofrecen un poderoso código de conducta que rápidamente pueden transformar nuestra vida en una serie de experiencias de libertad, verdadera felicidad y amor.

«No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque tú lo eliges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento tú eres el responsable».

Primer acuerdo: Sé impecable con tus palabras

Lo que sale de tu boca es lo que realmente eres tú. Tus palabras tienen magia, pueden construir o destruir tu vida y la de los demás. Si no cuidas y honras tus palabras, no te estás honrando a ti mismo; y si no te honras a ti mismo, no te amas.

Honrar tus palabras es ser coherente entre lo que piensas, lo que dices y lo que haces. De esta manera, eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.

Es el acuerdo más importante y más difícil quizá de cumplir. La palabra tiene poder, encierran energía, le imprimimos energía desde las emociones, y las palabras una vez dichas no se pueden recoger. Las palabras ejercen una gran influencia sobre quienes las escuchan y sobre quienes las dicen.

Todos somos magos, hacedores de magia con las palabras, con ellas podemos destruir o podemos construir, depende del sentido y la intención que le demos.

Por qué ser “impecable” con las palabras? Porque la palabra impecable significa exento de pecado, quiere decir no usar las palabras en contra de nosotros. Cada palabra que digo en bien o en mal regresa a mí con toda su carga energética. Las personas que nos maldicen, insultan o hieren verbalmente se crean un daño a sí mismas, ya que el todo el veneno que hay en esas palabras generarán sentimientos negativos hacia esa persona, el que las escucha generará odio hacia esa persona que las dice, y ese odio se vuelve en contra del que ofende.

Lo mismo ocurre con las palabras de amor, palabras buenas generarán acciones buenas, palabras malas, acciones malas.

Segundo acuerdo: No tomarte nada personalmente

Ni la peor ofensa. Ni el peor desaire. Ni la más grave herida. En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo. Pero el problema es de él y no tuyo. Tú decides si lo aceptas o no. No debemos tomarnos las palabras de los demás, ni sus acciones de modo personal, ya que cada persona tiene su propio mundo de creencias, sus propios acuerdos, y lo que diga o haga no tiene que ver con nosotros ni con nuestro mundo sino con el de esa persona; como ella lo ve y siente.

Cuando no nos tomamos las palabras o acciones de modo personal, nos volvemos inmunes a su veneno, no nos afectan. No te tomes nada personalmente porque, si lo haces, te expones a sufrir por nada. Los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y distintos grados; nos apoyamos los unos a los otros para mantener esta adicción. Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir. Si tienes la necesidad de que te maltraten, será fácil que los demás lo hagan. Del mismo modo, si estás con personas que necesitan sufrir, algo en ti hará que las maltrates.

Vayas donde vayas, encontrarás a gente que te mentirá, pero a medida que tu consciencia se expanda, descubrirás que tú también te mientes a ti mismo. No esperes que los demás te digan la verdad, porque ellos también se mienten a sí mismos.

Tienes que confiar en ti y decidir si crees o no lo que alguien te dice. ….

Si alguien no te trata con amor ni respeto, que se aleje de ti es un regalo. Si esa persona no se va, lo más probable es que soportes muchos años de sufrimiento con ella. Que se marche quizá resulte doloroso durante un tiempo, pero finalmente tu corazón sanará.

Entonces, elegirás lo que de verdad quieres. Descubrirás que, para elegir correctamente, más que confiar en los demás, es necesario que confíes en ti mismo. Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida.

No tomarse las cosas personalmente es algo que no hacemos, siempre estamos pensando que los demás la tienen tomada en contra de nosotros, que las personas dicen o hacen algo en nuestra contra, que siempre hablan de nosotros, que siempre comentan de nosotros, etc… tenemos que aprender a ver a las personas y sus opiniones como algo que es problema de ellos, no nuestro, ni tiene que ver con nuestra valía como ser humano, si te insultan y te dicen que eres un miserable, pues bien, eso es un concepto que pertenece a esa persona, pero que no tiene nada que ver contigo.

Tercer acuerdo: No hagas suposiciones

No asumas ni supongas nada que no hayas comprobado. Si tienes cualquier duda, (por muy pequeña que sea) aclárala. Si sospechas de algo, pregunta.

Hacer suposiciones te lleva a inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que, con frecuencia, no tienen ningún fundamento.

El hacer suposiciones siempre nos trae decepciones. Nos pasamos la vida suponiendo cosas que no son ciertas, que creemos ver o saber, éste tercer acuerdo va de la mano con el segundo acuerdo, no tomarse nada personalmente.

El suponer siempre crea problemas, ya que cuando suponemos lo hacemos basándonos en nuestras propias percepciones de la realidad, en lo que creemos que es, y entonces no conocemos la verdad, cuando suponemos algo de una persona, de nuestra pareja, de nuestros padres, hermanos, amigos…, suponemos que sabía algo, y luego cuando comprobamos que no es así, nos ofendemos, pero no aclaramos con ella las cosas de antemano antes de suponer.

Siempre la verdad por delante es lo mejor.

No es bueno suponer, pero siempre lo estamos haciendo sobre todo lo que nos rodea, ya que necesitamos saber, conocer y tener explicaciones de las cosas, aunque éstas sean erróneas.

La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras. Si no comprendes alguna, ten el valor de preguntar hasta clarificarlo todo lo posible, e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular.

Una vez escuches la respuesta, no tendrás que hacer suposiciones porque sabrás la verdad. Asimismo, encuentra tu voz para preguntar lo que quieres.

Todo el mundo tiene derecho a contestarte «sí» o «no», pero tú siempre tendrás derecho a preguntar. Del mismo modo, todo el mundo tiene derecho a preguntarte y tú tienes derecho a contestar «sí» o «no».

Si no entiendes algo, en lugar de hacer una suposición, es mejor que preguntes y que seas claro. El día que dejes de hacer suposiciones, te comunicarás con habilidad y claridad, libre de veneno emocional. Cuando ya no hagas suposiciones, tus palabras se volverán impecables.

Cuarto acuerdo: Haz siempre tu máximo esfuerzo

Si siempre haces lo mejor que puedas, nunca podrás recriminarte ni arrepentirte de nada, no tendrás remordimientos. Este acuerdo es el que permite que los otros acuerdos se conviertan en hábitos internalizados dentro de nosotros.

Se trata de dar siempre lo mejor de uno en cualquier situación. Si hacemos nuestro mejor esfuerzo nunca nos sentiremos culpables de no haberlo intentado lo suficiente, ni sentiremos frustración ni sentimientos de culpa.

Solemos decirnos, “Si hubiese hecho más… si al menos le hubiera ayudado un poco más…”, o ” Fracasé porque no lo intenté lo suficiente, no puse todo el empeño que debía” y frases parecidas. Hacer nuestro máximo esfuerzo y disfrutarlo es aceptarnos a nosotros mismos sin reproches ni quejas, si damos lo mejor en cada acción, a pesar de que no logremos nuestra meta, no podremos sentirnos frustrados o fracasados, simplemente no estaba para darse, pero no por no haberlo intentado con tu mayor esfuerzo

 

 

 

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